El presente del fútbol profesional en el Chaco atraviesa una tormenta perfecta donde el espanto deportivo se conjuga con el naufragio institucional. Las dos entidades más convocantes de la provincia asisten a un derrumbe que parece no tener techo en la temporada 2026. En la Primera Nacional (Nacional B), Chaco For Ever deambula en el último puesto de su zona con apenas 9 puntos en 16 partidos disputados, sumergido en puestos de descenso directo a la tercera categoría. Una realidad idéntica golpea las puertas del «Decano»: en el Torneo Federal A (Argentino A), Sarmiento de Resistencia ocupa la última posición del Grupo B sin haber podido cosechar una sola victoria en once presentaciones.
La debacle dentro de la cancha es apenas el reflejo de profundas crisis estructurales que ambos clubes arrastran fuera de ella de un tiempo a esta parte. Sarmiento padece una asfixia económica alarmante que llevó a su propia dirigencia a admitir públicamente deudas generalizadas con proveedores, empleados de la institución, el cuerpo técnico y el plantel profesional, despertando entre los socios e hinchas el fantasma de un concurso de acreedores. Por el lado de For Ever, las urgencias deportivas dinamitaron la previsibilidad y la falta de un norte claro se evidencia en constantes volantazos futbolísticos y un plantel que no encuentra respuestas ante un panorama institucional cada vez más atomizado y desorientado.
Lejos, muy lejos en el tiempo quedaron aquellos días de gloria y de billeteras holgadas bajo el ala del «Estado benefactor» que caracterizó la etapa en la que el kirchnerismo gobernaba la provincia. En aquellos años de fuerte inyección de recursos públicos de todos los chaqueños, las realidades de ambos eran diametralmente opuestas: Jorge Capitanich apuntalaba sin miramientos la estructura de Sarmiento, mientras que Gustavo Martínez hacía lo propio traccionando millonarios fondos estatales en beneficio de For Ever. Cortado el histórico cordón umbilical del subsidio gubernamental directo, las actuales comisiones directivas demostraron una incapacidad manifiesta para generar esquemas de sustentabilidad genuinos, dejando al desnudo gestiones que hoy no encuentran un rumbo autónomo.
Unidos en la adversidad y desprovistos del antiguo auxilio provincial, los presidentes de ambos clubes optaron por refugiarse en la política del fútbol centralizado de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). En una clara muestra de sintonía e interés, las conducciones de For Ever y Sarmiento coincidieron en manifestar un ferviente apoyo público a la figura de Claudio «Chiqui» Tapia a través de comunicados oficiales, carteles en los estadios y redes sociales, defendiendo al titular de la calle Viamonte en medio de sus batallas judiciales e institucionales. Sin embargo, este alineamiento irrestricto con el poder porteño no se tradujo en milagros deportivos ni en soluciones económicas para un fútbol chaqueño cuyas ilusiones populares hoy se derrumban, confirmando que las identidades más grandes de la región atraviesan el momento más oscuro y desolador de su historia reciente.





