El cierre de los mercados dejó un escenario de marcado optimismo financiero que se analiza en profundidad durante este fin de semana en todo el país. El riesgo país argentino consolidó un marcado descenso histórico al ubicarse en los 437 puntos básicos, quebrando marcas que no se registraban desde mayo de 2018. El fuerte rally de los activos locales —tanto bonos soberanos como acciones corporativas— refleja un cambio de humor drástico entre los inversores, quienes convalidaron de inmediato las últimas señales de estabilización macroeconómica y aceleraron la compresión de tasas de los títulos públicos en el exterior.
Este desplome de los indicadores de desconfianza externa se desató de manera directa tras la decisión de la agencia calificadora Standard & Poor’s (S&P) de elevar la nota de la deuda soberana argentina, pasando de un terreno vulnerable de «CCC+» a una perspectiva de «B-«. Los analistas remarcan que el espaldarazo de la entidad internacional actuó como el gatillo que esperaban los fondos de inversión globales para volver a apostar con fuerza por los papeles argentinos, disipando los fantasmas de un incumplimiento de pago en el corto plazo y abriendo una ventana favorable para la refinanciación de los vencimientos venideros.
En sintonía con las buenas noticias externas, el plano doméstico aportó un dato clave que consolida el rumbo del programa económico del Gobierno: la inflación de mayo cerró en un 2,1%, un registro que perforó incluso las proyecciones más optimistas de las consultoras privadas y que representa el nivel más bajo en años. Este escenario de desaceleración de precios le dio un marco de sustentabilidad a la calma cambiaria del fin de semana, donde las pizarras oficiales del Banco Nación exhiben un dólar mayorista y minorista sumamente estable, cotizando a $1400 para la compra y $1450 para la venta, de cara a la reapertura de las operaciones del próximo lunes.





