En el marco de la reciente actualización semestral por inflación de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el Ministerio de Economía fijó un ajuste del 16,85% en las deducciones y en las escalas del Impuesto a las Ganancias para el segundo semestre. Con este recálculo basado en el IPC acumulado, el nuevo piso salarial a partir del cual se comienza a pagar el tributo se eleva a $3.504.574 brutos mensuales para trabajadores solteros sin hijos y a $4.647.612 para aquellos casados con dos cargas de familia. La medida busca amortiguar el impacto fiscal sobre los ingresos de clase media y devolver capacidad de consumo a un universo estimado en 330.000 empleados en relación de dependencia.
En paralelo, el Gobierno y los sectores gremiales monitorean de cerca los indicadores del mercado de trabajo registrado. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo asalariado privado muestra signos de estancamiento, con sectores dinámicos como la energía y la minería que compensan la caída en actividades mano de obra intensivas como la construcción y el comercio. Las empresas mantienen una postura de cautela frente a las contrataciones, priorizando la productividad sobre la ampliación de nóminas, mientras que las paritarias sectoriales han comenzado a cerrar alineadas a la pauta de inflación descendente que promueve el Palacio de Hacienda.
La combinación de un mercado laboral moderado con la actualización del esquema fiscal busca consolidar un punto de equilibrio macroeconómico sin recalentar los costos laborales. Mientras las empresas adecuan las liquidaciones salariales con las nuevas tablas de retención publicadas para este semestre, el desafío del oficialismo se centra en consolidar una recuperación real del salario neto. El objetivo es evitar que las paritarias desplacen nuevamente a miles de asalariados hacia tramos superiores de la escala tributaria y garantizar la sostenibilidad del trabajo formal sin resentir la recaudación fiscal.





