La crisis en Oriente Medio alcanzó un punto de máxima tensión tras la confirmación del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) sobre la destrucción de cinco buques petroleros vinculados a Irán en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz y el golfo de Omán. Según fuentes del Pentágono, la acción militar representa una respuesta directa e inmediata a los repetidos lanzamientos de misiles balísticos por parte de Teherán contra embarcaciones de la Marina estadounidense. El impacto contra la infraestructura naval iraní busca desarticular la red logística y de financiamiento de la Guardia Revolucionaria en la zona comercial del Golfo Pérsico.
En represalia a la ofensiva norteamericana, la Guardia Revolucionaria de Irán se adjudicó diversos ataques contra embarcaciones estadounidenses y el lanzamiento de proyectiles hacia una base militar con presencia de Washington en Jordania. Asimismo, la radiotelevisión estatal de Teherán difundió una seria advertencia amenazando con extender las agresiones marítimas a petroleros de Kuwait y Bahréin, a cuyos gobiernos acusa de complicidad operativa. El ejército iraní exigió la evacuación inmediata de las tripulaciones que se encuentran en puertos de esos dos países vecinos ante inminentes acciones bélicas.
La reactivación de los bombardeos sobre una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta paralizó casi por completo el flujo de crudo global y desató el pánico en las bolsas financieras. En la economía interna iraní, la paralización del puerto comercial provocó una aceleración inflacionaria descontrolada y el desplome de su moneda local. Mientras los precios internacionales del combustible se disparan, la comunidad diplomática internacional observa con alarma la eventual interrupción total de un corredor por donde transita aproximadamente el 20 % del abastecimiento energético mundial.





