El frente cambiario y monetario del país continúa mostrando signos de robustez debido al ingreso consolidado de divisas por la liquidación de la cosecha gruesa, lo que le permite al Banco Central de la República Argentina sostener un ritmo de compras récord para fortalecer las reservas internacionales. Sin embargo, esta estabilidad financiera en el sector externo convive con una realidad dispar en la economía doméstica. Los datos preliminares de la actividad comercial y el consumo masivo durante mayo reflejan que la demanda interna no consolida un rebote definitivo, mostrando caídas en sectores clave como patentamientos automotores y despachos de insumos masivos.
Este estancamiento del mercado interno se tradujo de manera directa en el desempeño fiscal del último mes. Si bien la recaudación tributaria general interrumpió una racha negativa de nueve meses en rojo al registrar un incremento real del 2%, el impulso estuvo motorizado casi con exclusividad por ingresos extraordinarios del impuesto a las Ganancias y modificaciones normativas en los anticipos. Por el contrario, los tributos directamente vinculados al nivel de empleo, el movimiento económico interno y el consumo de las familias no evidenciaron señales de recuperación genuina, exponiendo una marcada brecha entre el saneamiento financiero macroeconómico y la realidad de la actividad comercial.
En este escenario de fragilidad de la demanda, el mercado financiero mantiene un intenso debate sobre la evolución de los precios de cara a las próximas semanas. Tras la marcada desaceleración del índice oficial de precios al consumidor de los meses previos, analistas privados discuten si la inflación logrará perforar de forma definitiva el piso del 2% mensual en junio. La resistencia de este componente inercial se encuentra presionada, fundamentalmente, por la entrada en vigencia de una nueva ronda de ajustes programados en tarifas de servicios públicos como gas y electricidad, medicina prepaga, cuotas de colegios privados y combustibles.





