El mes de abril que está finalizando parece marcar un punto de inflexión para la economía argentina, consolidando el fin de un ciclo alcista que se sostenía desde mediados de 2025. Según diversas consultoras privadas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostraría una desaceleración contundente, con estimaciones que se ubican en un rango de entre el 2,4% y el 2,8%. Este escenario representa un respiro para los indicadores oficiales, al quebrar la inercia inflacionaria de los últimos meses.
Uno de los pilares fundamentales de esta baja es el comportamiento del rubro alimenticio, que ha mostrado una fuerte moderación en las góndolas. Durante las últimas cuatro semanas, los aumentos en los supermercados promediaron apenas un 1,2%, un guarismo sensiblemente menor a los registrados anteriormente. Esta estabilidad en los productos de consumo masivo es el factor determinante que ha permitido a los analistas proyectar una cifra final por debajo de la barrera del 3%.
Sin embargo, el panorama no está exento de contrapuntos que obligan a mantener la cautela. A pesar de la caída en el nivel general, ciertos sectores específicos, como el de los productos lácteos, continúan presionando los índices con subas por encima de la media. Estos desajustes sectoriales sugieren que, si bien la tendencia a la desinflación es clara, la estabilidad absoluta de precios aún enfrenta desafíos logísticos y de costos que impiden un descenso uniforme en todas las categorías.





