El conflicto en Oriente Medio ingresó en una fase de extrema peligrosidad tras la denuncia realizada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El mandatario estadounidense afirmó de manera directa que las fuerzas armadas de Irán derribaron un helicóptero de ataque Apache AH-64 perteneciente al Ejército de su país, mientras la aeronave realizaba tareas de patrullaje en el Estrecho de Ormuz. «Estados Unidos debe, por necesidad, responder a este ataque», sentenció Trump, abriendo las puertas a una inminente escalada de represalias militares en un escenario internacional que ya se encontraba conmocionado.
A pesar de la gravedad del impacto, las autoridades del Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) confirmaron que los dos pilotos a bordo de la aeronave lograron sobrevivir y se encuentran a salvo. La evacuación de los militares se concretó mediante un procedimiento histórico para los analistas de defensa: tras pasar cerca de dos horas en el agua, fueron localizados y rescatados con éxito en el mar por el «Corsair», un dron marítimo de superficie no tripulado operado por la Armada estadounidense. Esta maniobra constituye el primer rescate de tropas en combate ejecutado de forma autónoma por un navío robótico.
Este nuevo incidente militar asesta un golpe definitivo al debilitado alto el fuego que rige formalmente en la región desde el pasado 8 de abril, el cual ya venía sufriendo sucesivas violaciones por intercambios de misiles entre Israel e Irán. La pérdida del Apache se suma a la destrucción previa de un caza F-15 en abril, consolidando una pérdida de activos aéreos sin precedentes para Washington en esta campaña. El ataque interrumpe de forma abrupta las negociaciones diplomáticas para reabrir el crítico corredor marítimo y comercial de Ormuz, forzando a los equipos de seguridad a recalcular sus estrategias operativas.





