A pesar de la reciente tendencia a la baja en los índices inflacionarios reportados por el INDEC, que marcó un 4,2% en mayo consolidando una desaceleración interanual, la percepción de los argentinos sobre su situación económica personal y familiar no muestra signos de alivio. La drástica pérdida de poder adquisitivo acumulada durante el último año, sumado a los recientes ajustes en las tarifas de servicios públicos y transporte, mantiene a la sociedad en un estado de alerta y preocupación constante. Este desfasaje entre las macro-cifras y la realidad del bolsillo se ve reflejado en los últimos estudios de opinión, que ubican a los ingresos como el principal eje de la angustia social.
En este contexto, un reciente relevamiento nacional de Proyección Consultores, realizado a principios de junio, arrojó datos alarmantes: el 50,9% de los consultados ubicó a los bajos salarios como su mayor preocupación, superando a problemáticas históricas como la inseguridad, la corrupción política y la propia inflación. Este indicador revela que el congelamiento o la lenta recomposición de los haberes frente a un costo de vida que sigue en aumento, aunque a menor ritmo, se ha transformado en el principal factor de inestabilidad para la clase trabajadora, superando el miedo a la suba de precios generalizada que dominó la agenda pública durante años.
Finalmente, el informe de la consultora registra que un contundente 69,6% de los encuestados percibe que su situación económica familiar es negativa o se encuentra en proceso de deterioro. Esta cifra subraya la profundidad de la crisis en la economía real, más allá de la «pax cambiaria» y las metas fiscales celebradas por el Gobierno. Los datos coinciden con otros relevamientos privados que advierten sobre una caída del consumo masivo y una creciente dificultad de los sectores medios y bajos para llegar a fin de mes, evidenciando que la recuperación del salario real será el desafío político y económico más urgente de la segunda mitad del año.





