Venezuela enfrenta su cuarto día de extrema emergencia tras sufrir dos violentos terremotos en cadena de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte del país. El balance oficial provisorio asciende a 920 víctimas fatales y más de 3.360 heridos, concentrándose la mayor destrucción en el estado costero de La Guaira y en la capital, Caracas. Ante la magnitud de la catástrofe y el desborde civil, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, dispuso la militarización de las zonas afectadas y la restricción del ingreso de civiles para agilizar las tareas críticas de asistencia.
El drama humanitario se agrava con el paso de las horas debido al colapso crónico de la infraestructura local, con hospitales funcionando al límite y sin agua corriente, sumado al inicio de emanaciones por la descomposición de cuerpos entre las ruinas. Las primeras proyecciones de las Naciones Unidas (PNUD) estiman que las pérdidas económicas directas ascienden a unos 6.700 millones de dólares, lo que equivale a casi el 6% del Producto Bruto Interno (PBI) venezolano. Asimismo, las delegaciones diplomáticas internacionales reportan decenas de extranjeros fallecidos o desaparecidos de nacionalidades española, china y chilena.
Para mitigar la tragedia, un enorme operativo internacional civil y militar se desplegó en el terreno con brigadas de rescate provenientes de nueve naciones. El Ministerio de Defensa de Argentina confirmó el arribo, durante la madrugada de este sábado, del primer contingente de las Fuerzas Armadas nacionales al mando del Coronel Wissinger. Los efectivos locales, equipados con binomios de perros de búsqueda y salvamento, fueron desplegados con urgencia en la ciudad balnearia de Caraballeda para trabajar de manera inmediata en la localización de sobrevivientes atrapados bajo los escombros.





