La actividad económica argentina continúa transitando un escenario de notable inestabilidad y marcha «a dos velocidades», combinando avances significativos en los sectores primarios con retrocesos en los segmentos urbanos e industriales. De acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el Indec, el nivel de actividad registró en abril una mejora del 1,6% en comparación con el mismo mes del año pasado. Sin embargo, en la medición desestacionalizada frente a marzo, el indicador exhibió una contracción del 1,5%, consolidando una alternancia de subas y bajas intermensuales que los analistas definen como «modo serrucho» y que impide fijar una tendencia firme de recuperación.
El sostenimiento del índice general estuvo apuntalado casi con exclusividad por el empuje de los rubros extractivos y energéticos. La explotación de minas y canteras lideró las subas con un incremento interanual del 17,1%, seguida de cerca por el sector de agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que avanzó un 10,9% y se posicionó como el de mayor incidencia positiva en la estructura general. Asimismo, se registraron mejoras moderadas en los servicios públicos de electricidad, gas y agua con un 6,4%, y en la intermediación financiera, que marcó un alza del 4,5%.
En la vereda opuesta, la recesión se hizo sentir con fuerza en las actividades vinculadas al consumo interno y la producción manufacturera, ejerciendo la principal presión a la baja. La caída más pronunciada del período correspondió al sector de la pesca, que se desplomó un 28,4%, escoltado por el comercio mayorista y minorista con una contracción del 3,2% y la industria manufacturera con una baja del 2,9%. A pesar de estos retrocesos generalizados en la industria y la construcción, el balance del primer cuatrimestre del año logró sostener un saldo positivo, acumulando un crecimiento del 2,1% respecto al mismo período del año anterior.





