La realidad del Club Atlético Sarmiento de Resistencia ha dejado de ser una preocupación meramente deportiva para transformarse en una crisis de supervivencia institucional. Actualmente, la entidad arrastra una pesada mora salarial que alcanza los cinco meses en el caso de los empleados del club y tres meses para el plantel profesional, una situación que se ha vuelto insostenible en el día a día. A este escenario financiero se suma una denuncia alarmante por parte del personal, quienes aseguran que se ha dado de baja la cobertura de la ART, dejando a los trabajadores en un estado de vulnerabilidad absoluta mientras la institución intenta hacer pie en medio de un ahogo económico asfixiante.
El trasfondo de esta decadencia es una conjunción de factores que la actual Comisión Directiva, encabezada por Mauricio González, no ha logrado revertir desde su asunción. Si bien la gestión heredó un déficit estimado en 90 millones de pesos —que incluía juicios, deudas previsionales y compromisos salariales previos—, las promesas de campaña que aseguraban una rápida estabilización no se han plasmado en la práctica. La brecha entre el discurso electoral y la cruda realidad operativa ha generado un clima de desconfianza entre los socios, quienes ven cómo el gigante de la Avenida Alvear pierde terreno tanto en lo administrativo como en su competitividad en el Federal A.
Ante el creciente rumor sobre una posible intervención o incluso la quiebra de la entidad, el presidente Mauricio González rompió el silencio a través de un descargo público dirigido a la comunidad sarmientista. En sus declaraciones, el dirigente descartó de plano el concurso de acreedores o la cesación de pagos formal, aunque admitió que la complejidad del panorama judicial y financiero es «extrema». González reconoció que las causas judiciales vigentes complican la gestión diaria del club y limitan la capacidad de maniobra para saldar los compromisos más urgentes con los jugadores y el cuerpo técnico, que hoy lideran un reclamo legítimo por sus haberes.
En un gesto que muchos interpretaron como una última instancia de auxilio, la conducción del club apeló a la sensibilidad de su masa societaria con un pedido en tono de súplica: que aquellos que han dejado de pagar su cuota social regularicen su situación para aportar liquidez inmediata. Sin embargo, para gran parte de la familia decana, el aporte voluntario parece insuficiente ante la magnitud de una crisis que amenaza con llevarse puesta la estructura de una de las instituciones más grandes del Nordeste. Con los resultados deportivos dándole la espalda y el malestar social en aumento, Sarmiento se enfrenta a su «hora más crítica», donde cada decisión administrativa definirá si el club logra una reconstrucción real o se encamina hacia un desenlace terminal





