El calendario marca 29 y el ritual gastronómico más arraigado de nuestro país vuelve a convocar a la familia alrededor de la mesa. Preparar ñoquis de papa caseros es mucho más que resolver un almuerzo o una cena; es un acto de amor y tradición que se hereda de generación en generación. Para lograr esa textura única, suave y «nube» que todos buscan, el secreto está en hervir las papas con su piel para que no absorban agua de más, hacer un puré bien fino y unir la masa con la menor cantidad de harina posible y sin amasar en exceso, evitando así que queden pesados.
El alma gemela de estos ñoquis es, sin dudas, un buen estofado criollo cocinado a fuego lento. La magia comienza dorando cubos de carne (como cuadril, peceto o roast beef) en una olla profunda, para luego sumar una buena base de cebolla, morrón y zanahoria rallada. El toque final lo da un generoso chorro de vino tinto, el puré de tomate y un puñado de laureles, dejando que todo se reduzca despacio hasta que la carne se deshaga con solo tocarla con el tenedor y la salsa concentre todo su sabor.
Al momento de servir, los ñoquis recién salidos del agua hirviendo se mezclan directamente en la olla del estofado para que absorban bien la salsa. Solo queda emplatar, coronar con una lluvia generosa de queso rallado y, por supuesto, no olvidarse de cumplir con la tómbola de la suerte colocando un billete debajo del plato. Un clásico infaltable que templa el cuerpo, reconforta el alma y mantiene viva una de nuestras costumbres más sabrosas.





