El fantasma de las lesiones volvió a sacudir el búnker de la Selección Argentina en el momento menos oportuno. Durante el infartante triunfo del Inter Miami por 6-4 ante el Philadelphia Union, Lionel Messi encendió todas las alarmas del planeta fútbol al pedir el cambio en el minuto 73 tras sentir un fuerte dolor en la parte posterior de su pierna izquierda. El capitán albiceleste, que venía siendo clave con dos asistencias, se retiró directamente hacia los vestuarios caminando con normalidad pero con visibles gestos de preocupación, dado que este significaba su último compromiso a nivel de clubes antes de sumarse a la concentración definitiva para la Copa del Mundo 2026.
Las primeras precisiones médicas arrojaron que el futbolista de 38 años padece una pequeña lesión muscular en el isquiotibial, una zona que ya le ha traído complicaciones a lo largo de la temporada. Aunque el entrenador de las Garzas, Guillermo Hoyos, intentó llevar tranquilidad en la conferencia de prensa posterior asegurando que la sustitución se realizó por precaución debido a una intensa fatiga acumulada en un campo de juego pesado, el impacto de la noticia generó un cimbronazo inmediato en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que se encuentra a pocos días de entregar la lista definitiva de 26 convocados.
A solo 21 días del debut mundialista frente a Argelia pautado para el 16 de junio, los plazos de recuperación de la «Pulga» se transformaron en una cuestión de Estado para el cuerpo técnico comandado por Lionel Scaloni. Según trascendió desde su entorno, el futbolista iniciará de inmediato un plan de reposo deportivo y trabajos de kinesiología intensiva que demandará alrededor de diez días, estimando incluso su desembarco anticipado en el predio de Ezeiza para acelerar la puesta a punto. La templanza de su ladero Rodrigo De Paul y el profundo conocimiento que el propio Messi tiene de su físico asoman como las principales claves para mantener la calma en un país que, desde ayer, contiene la respiración.





