El calentamiento del Pacífico ecuatorial entró en una fase de aceleración y la proyección oficial de Estados Unidos prevé que El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes desde 1950. La NOAA calcula un 75% de probabilidad de que el fenómeno supere los +2,5 ℃ en el Índice Oceánico Relativo, un escenario extremo que se reflejará hacia finales de año. Sin embargo, el impacto sobre las lluvias en Argentina no será uniforme: las señales para el último trimestre muestran déficits localizados en octubre —con mermas de hasta 30 milímetros en sectores de Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos—, mientras que la transición hacia diciembre concentrará los mayores excesos hídricos en buena parte del centro y el noreste.
Ante este panorama complejo, el gobierno de la provincia del Chaco y distintas jurisdicciones de la región litoralense activaron medidas urgentes de anticipación. En territorio chaqueño ya se llevó a cabo una cumbre clave del Comité Provincial de Emergencia junto a intendentes para coordinar acciones de respuesta rápida, monitoreo permanente de cuencas y optimización de recursos humanos. Los ejes principales de esta red de contención territorial se enfocan en la articulación política por fuera de las banderías partidarias y en la preparación logística para salvaguardar a las poblaciones rurales y urbanas.
Como parte troncal de la estrategia preventiva, la provincia avanza intensamente en trabajos de limpieza integral de desagües, canales troncales —como el sistema de escurrimiento del área metropolitana y los Bajos Submeridionales— para garantizar el correcto drenaje pluvial. Si bien los organismos técnicos advierten que no es posible frenar los fenómenos de la naturaleza, la premisa oficial en el Litoral es mitigar los riesgos hídricos mediante obras de infraestructura y una estricta coordinación comunitaria antes de que los desbordes de diciembre pongan a prueba la resistencia de la región.





