El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, instó de manera urgente a los simpatizantes de su partido, el Likud, a concurrir masivamente a las urnas durante la jornada electoral. A través de un video y de mensajes difundidos en sus redes sociales, el jefe de Gobierno pidió suspender actividades de ocio y acudir a votar inmediatamente, argumentando que la elevada movilización de los sectores de izquierda y de las comunidades árabes ponía en riesgo la continuidad del oficialismo.
En sus declaraciones, Netanyahu sostuvo que la oposición y los partidos árabes intentaban «robar las elecciones», haciendo alusión a la detención de tres integrantes de la formación árabe Ra’am por presuntos casos de soborno a votantes. Además, el mandatario afirmó —sin presentar cifras oficiales— que la afluencia de electores árabes en la región sur del país superaba con frecuencia a la de los votantes judíos, advirtiendo que un triunfo de la oposición aliada a bloques árabes transformaría de forma radical el futuro institucional del Estado.
Como parte de su estrategia comunicacional, el líder del Likud difundió imágenes de extensas filas en localidades árabes como Rahat y apeló al voto defensivo para motivar a las bases de derecha. Netanyahu enfatizó que la baja participación en sus bastiones electorales tradicionales podría habilitar la conformación de un gobierno liderado por dirigentes de partidos árabes, catalogando la jornada como una disputa decisiva para el país.
En paralelo a la alarma del oficialismo, diversas organizaciones civiles y representantes de la comunidad beduina en el Néguev y Galilea denunciaron severas demoras en los colegios electorales de zonas árabes. Según reportes de la entidad jurídica Adalah y de veedores locales, la excesiva lentitud en el proceso de verificación de identidad y los controles adicionales provocaron largas esperas de horas para votar, generando denuncias sobre una supuesta ralentización intencional de los comicios en esas regiones.





