El Departamento de Trabajo de los Estados Unidos publicó el esperado informe de las nóminas no agrícolas, revelando la creación de 172.000 nuevos puestos de trabajo durante el mes de mayo, una cifra que superó holgadamente las previsiones de las consultoras privadas, que estimaban una suba cercana a los 80.000 empleos. En sintonía, la tasa de desocupación oficial se mantuvo estable en un ajustado 4,3%, mientras que las revisiones de los meses de marzo y abril inyectaron un reajuste alcista acumulado de 93.000 posiciones adicionales a los registros previos. El vigor de la contratación estuvo impulsado principalmente por los sectores del ocio y la hospitalidad (+70.000), los servicios públicos locales y el rubro de la salud pública.
A pesar de la solidez estructural que demuestran los indicadores económicos básicos de contratación, las principales bolsas de Wall Street experimentaron un cierre de jornada complejo y con marcadas pérdidas, lideradas por un masivo desarme de posiciones en firmas de inteligencia artificial y semiconductores. El índice de perfil tecnológico Nasdaq retrocedió un brusco 4% —firmando su peor caída diaria en más de un año—, acompañado por contracciones del 2,6% en el S&P 500 y del 1,3% en el industrial Dow Jones. Los inversores operaron bajo un escenario de cautela, asumiendo que los salarios promedio por hora mantuvieron un incremento interanual del 3,45%, lo cual añade tensiones latentes a un escenario de inflación minorista que se ubicó recientemente en el 3,8%.
Este panorama de persistente fortaleza en el mercado laboral le otorga un mayor margen de maniobra a la Reserva Federal (Fed) para postergar un eventual recorte en los tipos de interés de referencia. El sector financiero internacional sigue con extrema atención esta hoja de ruta monetaria, dado que el mantenimiento de tasas de interés elevadas en territorio norteamericano tiende a fortalecer de forma global la cotización del dólar en detrimento de otras divisas comerciales. El endurecimiento transitorio de las condiciones crediticias globales impacta de forma directa sobre las economías emergentes, las cuales asimilan el encarecimiento de sus deudas externas y enfrentan una mayor presión sobre sus flujos locales de capitales y el precio internacional de las materias primas.





