El presidente Javier Milei anunció recientemente una baja en los derechos de exportación para el trigo y la cebada, cuyas alícuotas caerán del 7,5% al 5,5% a partir del próximo mes de junio. La medida oficial también contempla una reducción gradual para la soja proyectada a partir de 2027, sumado a un esquema de bajas escalonadas para otros cultivos clave como el maíz, el girasol y el sorgo. Con esta iniciativa, el Poder Ejecutivo busca dar una señal de previsibilidad al sector agropecuario y apuntalar la competitividad de las economías regionales en el mercado internacional.
Si bien desde entidades de peso como la Sociedad Rural Argentina recibieron la noticia con optimismo, advirtieron que el escenario para los productores sigue siendo sumamente complejo. Desde el sector privado sostienen que el constante incremento en el costo de los insumos y la fuerte presión climática continúan condicionando de manera severa la rentabilidad del negocio. Por este motivo, los referentes del campo recalcaron que, aunque valoran el gesto oficial, la meta definitiva debe seguir siendo el reclamo histórico de «retenciones cero».
La flexibilización impositiva abre una nueva etapa de negociación entre el sector agroindustrial y la administración nacional, que intenta equilibrar las metas de recaudación fiscal con los incentivos a la producción nacional. En las provincias productoras se sigue con mucha expectativa el impacto real que tendrán estos anuncios en los márgenes de ganancia de la campaña actual. Mientras tanto, el sector primario se mantiene expectante, esperando que este sendero de reducción de tasas se profundice para garantizar la sustentabilidad de la actividad rural en todo el país.





