Un potente ciclón extratropical azotó el litoral marítimo bonaerense, generando olas gigantes que alcanzaron los siete metros de altura y ráfagas de viento superiores a los 100 kilómetros por hora. El impacto fue especialmente severo en Mar del Plata, Pinamar y Villa Gesell, donde la fuerza del mar avanzó sobre la línea de edificación, destruyendo puestos de guardavidas, instalaciones de balnearios y socavando importantes tramos de las defensas costeras.
Las intensas lluvias y el fenómeno de sudestada provocaron inundaciones repentinas en calles céntricas y barrios periféricos, dejando a cientos de usuarios sin suministro eléctrico por la caída de postes y cables. Equipos de Defensa Civil y bomberos trabajaron durante toda la madrugada en la remoción de árboles caídos y en la asistencia a familias cuyas viviendas sufrieron voladuras de techos, mientras se mantenía la restricción total para la navegación y actividades náuticas.
Aunque el sistema comenzó a desplazarse hacia el océano Atlántico, las autoridades locales mantienen el alerta naranja ante la posibilidad de nuevas crecidas y la inestabilidad del terreno en las zonas de acantilados. Se estima que las tareas de reconstrucción y limpieza de las playas demandarán semanas, mientras se evalúa el costo económico total de los daños en la infraestructura pública y privada de las ciudades afectadas.





