El primer semestre del año se encamina a su cierre exhibiendo indicadores financieros positivos para la gestión de Javier Milei y el ministro Luis Caputo. Con un ingreso masivo de divisas que generó un superávit comercial récord y permitió al Banco Central acumular más de USD 10.000 millones, el oficialismo logró contener las variables macroeconómicas clave. Además, tras experimentar un fuerte salto en los precios a comienzos de año, la inflación consolidó una tendencia a la baja a partir de abril, proyectando un escenario de desaceleración más marcado para los meses venideros.
Sin embargo, el impacto positivo de la macroeconomía todavía muestra rezagos en el plano social y productivo dentro de las principales urbes. El consumo interno se encuentra en niveles deprimidos debido al arrastre de los bajos salarios y a una menor actividad industrial, factores que condicionan la velocidad de la recuperación del humor social. Frente a este panorama, las estimaciones privadas sugieren que la reaparición progresiva del crédito bancario y la gradual caída de las tasas de interés serán las principales herramientas que ayuden a apuntalar el gasto de las familias durante la segunda parte del año.
Por su parte, el frente cambiario comenzó a exhibir un cambio de tendencia con un dólar oficial que avanza por encima de los precios de junio, frenando el proceso previo de apreciación de la moneda nacional que encarecía los costos internos. Hacia el tercer trimestre, la gran apuesta del equipo económico radica en capitalizar la notable mejora del índice de riesgo país para ensayar un regreso de la Argentina a los mercados de deuda internacionales, lo que permitiría sumar nuevas fuentes de financiamiento financiero y mitigar las presiones de cobertura típicas del periodo preelectoral.





