Los estadounidenses acuden a las urnas para elegir las 435 bancas de la Cámara de Representantes (donde el mandato dura dos años) y 35 de los 100 escaños del Senado, además de 36 gobernaciones y legislaturas locales. El Partido Republicano pone en juego su ajustado control parlamentario actual de 218 a 214 en la Cámara Baja y de 53 a 47 en la Cámara Alta. El clima de las urnas llega marcado por preocupaciones con respecto al costo de vida, la política de aranceles comerciales y el impacto de los recientes desarrollos internacionales en el precio de los combustibles.
Donald Trump llega a la contienda con un índice de aprobación general situado entre el 31% y el 33%, de acuerdo con sondeos recientes de Reuters/Ipsos. Las encuestas nacionales reflejan una inclinación hacia el Partido Demócrata, que registra una ventaja de siete puntos en la intención de voto genérica para el Congreso (52% frente al 45% de los republicanos, según NBC News) y cuenta con un mayor respaldo entre los electores independientes. Para dinamizar a su base, el mandatario desplegó una intensa gira que cerró en Kansas e Iowa, prometiendo medidas de incentivo económico para los sectores rurales.
El resultado trazará dos escenarios contrapuestos para la segunda mitad de la gestión presidencial. Una victoria demócrata en al menos una de las cámaras le arrebataría la mayoría al oficialismo, otorgándole a la oposición capacidad para frenar proyectos de ley, bloquear nombramientos y abrir investigaciones legislativas sobre las políticas de la Casa Blanca. Por el contrario, un triunfo republicano aseguraría la continuidad del programa gubernamental y evitaría el estancamiento legislativo durante los dos años restantes de su mandato.





