Moverse en colectivo por Resistencia y las localidades del área metropolitana se ha transformado en un constante ejercicio de paciencia e incertidumbre. Cumplidos más de tres meses desde que la Subsecretaría de Transporte de la provincia dio de baja de manera definitiva la aplicación del Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana (SITAM), los usuarios continúan aguardando por una solución. La herramienta tecnológica, si bien presentaba fallas y margen de imprecisión en sus registros, constituía la única alternativa digital disponible para consultar los recorridos y prever la llegada de las unidades a las paradas.
La salida de servicio de SITAM fue justificada de manera oficial bajo el argumento de avanzar en una transición hacia una plataforma superadora denominada Chaco Bus, desarrollada para integrar el seguimiento satelital con nuevas funciones de seguridad y pago. No obstante, a pesar del tiempo transcurrido y los anuncios sobre sus prestaciones, las autoridades provinciales aún no han establecido una fecha concreta ni formal para el lanzamiento de la nueva aplicación en las tiendas móviles. Esta falta de previsibilidad deja diariamente a miles de pasajeros obligados a esperar en la vía pública sin ningún tipo de certeza horaria.
La ausencia de información clara en tiempo real agrava un panorama urbano marcado por problemas estructurales de larga data en el sistema de transporte local. Los usuarios deben sobrellevar de forma cotidiana la escasez de colectivos en circulación y frecuencias notoriamente reducidas respecto a las necesidades de la población, situaciones que devienen en unidades desbordadas durante las horas pico y prolongados tiempos de espera en las garadas.
A este escenario desfavorable se suma la persistente inestabilidad del servicio provocada por las recurrentes amenazas de medidas de fuerza y paros por parte de los choferes, en el marco de tensiones salariales y la reconfiguración de las empresas concesionarias en la región. De esta forma, el vecino del Gran Resistencia afronta un esquema donde la falta de tecnología informativa acentúa las deficiencias cotidianas de una prestación esencial que sigue demandando respuestas urgentes.





