El Gobierno atraviesa una instancia de dificultades en el plano económico que no recibe ayuda por parte de su propia facción política, ya que las internas en la cúpula del oficialismo complican el avance de gestiones centrales para impulsar medidas y proyectos. La pelea se extiende a todos los ámbitos y genera advertencias internas sobre el riesgo de administrar una gestión fragmentada que podría derivar en una bomba de tiempo. Si bien Javier Milei no visualiza como negativas las discrepancias habituales de criterio entre los miembros del Gabinete, existen confrontaciones personales profundas e irreconciliables, como el conflicto abierto entre los Caputo y los Menem, cuyas tensiones datan de hace casi dos años.
Este enfrentamiento volvió a emerger con fuerza a partir de modificaciones en las partidas de discapacidad del Presupuesto 2027 elaborado por Luis Caputo, las cuales no coincidían con las negociaciones que Martín Menem encabezaba en el Congreso. Como respuesta, el presidente de Diputados evitó convalidar la exigencia inicial del Palacio de Hacienda y forzó la aceptación de una versión consensuada del proyecto, marcando un inusual episodio de resistencia frente a un área económica que históricamente se había mantenido como un espacio intocable dentro de la administración libertaria.
En paralelo, los mercados observan con extrema atención este trasfondo político, especialmente en lo que respecta a la negociación para la suspensión de las PASO y la capacidad de la Casa Rosada para tejer acuerdos con los gobernadores provinciales. Aunque Diego Santilli se encuentra abocado a cerrar los números de estas tratativas, su gestión enfrenta cortocircuitos y la falta de un aval unánime por parte de los principales armadores de La Libertad Avanza para consolidar pactos con los mandatarios provinciales y los partidos aliados.





