La salud financiera de las familias argentinas atraviesa un momento de fragilidad inédita, marcado por un deterioro acelerado en la capacidad de pago de compromisos con entidades no bancarias. Según informes recientes basados en datos del Banco Central, el porcentaje de créditos considerados «irrecuperables» —aquellos que acumulan más de doce meses de mora— saltó del 2,6% al 10,8% en apenas un año. Este incremento, que representa una cuadruplicación de la cartera perdida, equivale actualmente a una deuda de aproximadamente $1,5 billones que el sistema fintech ya no logra cobrar.
El fenómeno se enmarca en un escenario de sobreendeudamiento generalizado, donde la irregularidad total en el sector no bancario alcanzó el 27,5%. La situación es significativamente más severa que en la banca tradicional, donde la mora se sitúa en torno al 8,8%, evidenciando que los sectores con menores ingresos y acceso limitado al sistema formal son los más golpeados por la crisis. En la actualidad, las familias destinan, en promedio, un tercio de su sueldo exclusivamente para intentar cubrir sus deudas con plataformas digitales y prestamistas no bancarios.
Ante estos niveles récord de incumplimiento, que en algunos segmentos jóvenes llegan a rozar el 40%, las entidades han comenzado a aplicar restricciones severas en el otorgamiento de nuevos préstamos y la actualización de límites. A pesar de este endurecimiento en el crédito, el volumen de deudores sigue en aumento, alcanzando los 20,5 millones de argentinos con algún tipo de compromiso financiero abierto. Los analistas advierten que, mientras no se recupere el poder adquisitivo real, cualquier mejora en los ingresos se destinará a cancelar pasivos acumulados en lugar de reactivar el consumo.





