Entre las casi 3.000 víctimas fatales de los ataques perpetrados por Al Qaeda en 2001, se encontraban cinco argentinos: Mario Santoro, Sergio Villanueva, Pedro Grehan, Gabriela Waisman y Guillermo Chalcoff. Algunos de ellos trabajaban en el complejo del World Trade Center o realizaban tareas corporativas en la zona, mientras que otros no dudaron en acudir de inmediato al lugar de los hechos para cumplir con sus vocaciones de servicio y rescate.
Las historias de estos compatriotas reflejan el costado más humano y desgarrador de la tragedia. Mario Santoro, un paramédico rosarino de 28 años, estaba de franco en su casa cuando vio el humo, y al despedirse de su esposa le aseguró que debía ir a ayudar porque lo iban a necesitar; nunca más regresó. Por su parte, Sergio Villanueva, un bombero y ex policía nacido en Bahía Blanca de 33 años, acababa de terminar su turno matutino cuando se enteró de los impactos, por lo que decidió equiparse de inmediato e ingresar a la Torre Norte para colaborar en las tareas de evacuación, convirtiéndose en uno de los héroes recordados de aquel día.
El grupo se completaba con Pedro Grehan, un ejecutivo que trabajaba dentro del complejo corporativo; Gabriela Waisman, quien alcanzó a comunicarse por teléfono con su familia para relatar con angustia la desesperante situación del humo y la falta de aire; y Guillermo Chalcoff, un desarrollador de software que cumplía funciones en las torres. Sus trayectorias y los desgarradores testimonios de sus familias quedaron profundamente grabados en los homenajes que cada año se realizan en el memorial de Manhattan, representando el dolor y la huella imborrable que dejó aquel acontecimiento global en la Argentina.





