El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, generó una fuerte repercusión internacional al referirse a la disputa de soberanía por las Islas Malvinas durante su encuentro en Dublín con el primer ministro irlandés, Micheál Martin. El líder norteamericano calificó la situación como un «desastre potencial» y aseguró que, si ambas naciones se lo solicitaran, estaría dispuesto a intervenir como mediador para resolver el conflicto diplomático.
Desde la Casa Rosada recibieron los dichos con entusiasmo y admitieron que evalúan diversas alternativas diplomáticas en este nuevo escenario geopolítico. Fuentes de Presidencia remarcaron la relevancia de las declaraciones de Trump, quien definió a la Argentina y al Reino Unido como «dos países enfadados» y cuestionó de forma implícita la capacidad militar actual del gobierno británico para sostener su presencia en las islas como lo hizo en 1982.
Por su parte, las palabras del mandatario estadounidense encendieron las alarmas en los medios internacionales al señalar que el Reino Unido atraviesa severos problemas domésticos que podrían limitar su proyección militar exterior. Mientras analiza el impacto de esta postura favorable a la negociación, el Gobierno argentino continúa avanzando de manera paralela con su agenda parlamentaria en materia de soberanía e internacional.





