La vulnerabilidad económica y las dificultades financieras comienzan a consolidar un escenario preocupante para el sistema crediticio. La mora en el cumplimiento de obligaciones financieras ya alcanza a un universo de 5,3 millones de personas. Este indicador refleja las severas complicaciones que enfrentan los tomadores de créditos para mantenerse al día, transformándose en una señal de alerta tanto para las entidades bancarias y financieras como para los analistas del consumo local.
La profundidad de la problemática se hace evidente al desglosar el comportamiento de las carteras de pago. Casi 3 de cada 10 deudores en el país presentan retrasos en sus cuotas; de manera más precisa, el 26,9% de quienes poseen algún tipo de asistencia crediticia activa ya registra incumplimientos graves que superan los 90 días de corrido. Esta barrera de los tres meses descalifica el perfil del deudor en los sistemas de scoring, encareciendo o directamente bloqueando sus posibilidades de financiamiento futuro.
La situación adquiere un tinte especialmente crítico entre los sectores más jóvenes de la población, puntualmente en el segmento de argentinos que va de los 18 a los 30 años de edad. Este marcado incremento de la irregularidad en las cuentas juveniles no es un hecho aislado, sino que se da de forma directa en un contexto de progresivo deterioro de la inserción laboral. La falta de empleo formalizado, la inestabilidad de los ingresos y la pérdida del poder adquisitivo empujan a los ingresantes del sistema financiero a priorizar gastos básicos de subsistencia, postergando el pago de tarjetas y préstamos personales.





