El pastel de mandioca, conocido también en los hogares litoraleños como pastelón, es una de las expresiones más representativas de la cocina tradicional del Gran Chaco. Esta preparación tiene su secreto en la elaboración de la masa base, para la cual se hierven dos kilogramos de mandioca fresca en abundante agua con sal hasta que queden completamente tiernas. Todavía en caliente, se prensan minuciosamente quitando las fibras centrales e incorporando 50 gramos de manteca, dos huevos, una pizca de pimienta y queso criollo rallado, logrando un puré suave, maleable y de consistencia firme que servirá para estructurar la base y la cubierta del pastel.
Para el pino o relleno, se rehogan en grasa vacuna dos cebollas grandes y un pimiento rojo picados finamente hasta transparentar. A continuación, se agrega un kilogramo de carne picada de primera calidad (o cortada a cuchillo), sazonando con sal, pimentón dulce, comino y ají molido, cocinando a fuego medio para preservar todos los jugos. Una vez retirada la preparación del fuego, se suman tres huevos duros picados y abundante cebolla de verdeo fresca, logrando un relleno equilibrado y aromático que refleja las costumbres culinarias de la gastronomía criolla y guaraní.
El armado se realiza en una fuente para horno previamente engrasada, donde se distribuye la mitad del puré de mandioca formando una capa uniforme en el fondo y los bordes. Se vierte la totalidad del pino de carne, se añade una generosa capa de queso cremoso o cuartirolo en trozos, y se cubre con el resto de la masa de mandioca, sellando bien los contornos. Tras pincelar la superficie con huevo batido para favorecer el dorado, se lleva a horno fuerte durante 25 a 30 minutos hasta que la cubierta adquiera un tono dorado intenso, sirviéndose caliente para disfrutar de un plato contundente que celebra los sabores autóctonos de la provincia.





