Magda Ayala formalizó este miércoles su renuncia a la Cámara de Diputados del Chaco, poniendo fin a un fugaz paso por el Poder Legislativo. Tras menos de un año de haber jurado como legisladora en un intento claro por instalar su figura en la mesa chica provincial, la dirigente concretó su salida para reasumir la intendencia de Barranqueras. Su lugar en la bancada opositora será ocupado por Laura Fogar, escribana oriunda de Presidencia Roque Sáenz Peña.
El retorno no responde a una vocación repentina de gestión municipal, sino a una contención de daños urgentes. Durante los meses en los que Ayala permaneció alejada del territorio, la percepción pública sobre su figura sufrió una pronunciada caída entre los vecinos de la ciudad portuaria. Abandonar el sillón comunal para proyectar aspiraciones personales dejó un tendal de secuelas en una ciudadanía que no ocultó su malestar ante el repentino desentendimiento de los asuntos locales.
A este costo político se suma la severa crisis estructural que atraviesa Barranqueras. Con severos déficits en los servicios básicos, el estado del entramado urbano y un evidente deterioro del orden municipal durante su ausencia, el panorama es sombrío. Consciente de que las chances de disputar la reelección en 2027 comenzaban a complicarse seriamente si no regresaba para tomar las riendas, Ayala entendió que el único camino para no quedar desdibujada políticamente era anticipar su regreso al Municipio.
La maniobra excede el ámbito personal y responde al libreto estratégico del Partido Justicialista de cara al calendario electoral de 2027. Ante un escenario adverso y atomizado, la directiva peronista dispuso afianzar los esquemas territoriales, ordenando retener a toda costa las intendencias en manos propias para no perder poder territorial. Ayala reasume así la gestión portuaria acorralada por los problemas de los vecinos y obligada a encarar un acelerado proceso de reconstrucción política antes de que el reloj electoral le marque el final.





