La asfixia económica que atraviesa la provincia del Chaco ha dejado de ser una sensación térmica cotidiana para convertirse en un drama estadístico devastador. Según revelan registros oficiales de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la provincia lidera el triste ranking de morosidad a nivel regional en el NEA, acumulando la alarmante cifra de 172.552 personas en situación de quebranto crediticio con atrasos superiores a los 90 días. Con este número, el Chaco supera holgadamente a Misiones (164.881 deudores), Corrientes (151.843 deudores) y Formosa (78.910 deudores), exponiendo una vulnerabilidad financiera sin precedentes en todo el Norte Grande que arrastra a miles de hogares a un laberinto de insolvencia y desesperación.
Detrás de este colapso se esconde la proliferación de las billeteras virtuales y las aplicaciones fintech, verdaderas trampas de liquidez para familias golpeadas por la pérdida de poder adquisitivo. Siete de cada diez morosos en la provincia —más de 121.500 chaqueños— cayeron en la irregularidad tras tomar créditos no bancarios caracterizados por tasas de interés usurarias y condiciones abusivas de financiación. Ante la imposibilidad de llegar a fin de mes con los ingresos formales e informales, las plataformas digitales de fácil acceso se transformaron en un salvavidas de plomo que terminó por sepultar la capacidad de pago de los sectores más postergados.
El sistema financiero tradicional y las tarjetas de crédito tampoco dan tregua, sumando entre ambos frentes a más de 51.000 deudores en estado de incobrabilidad. Con un endeudamiento promedio que ya escala a los $2,4 millones por deudor, el circuito de consumo doméstico se encuentra severamente dañado, empujando a miles de ciudadanos a ingresar masivamente en las listas negras del Veraz y la Central de Deudores, lo que clausura definitivamente cualquier posibilidad de acceder a financiamiento formal o reconstruir su economía.
Este escenario configura una verdadera crisis social y económica en el Chaco, donde la deuda dejó de ser una herramienta de progreso para transformarse en un mecanismo de precarización continua. Mientras las tasas del crédito no bancario rozan máximos históricos y la tasa de morosidad del sistema duplica los registros de años anteriores, las familias chaqueñas quedan atrapadas entre el encarecimiento del costo de vida y la imposibilidad material de saldar sus compromisos, hipotecando su presente y condenando el futuro productivo de la provincia.





