El sobreendeudamiento doméstico ingresó en una fase crítica con un desplazamiento claro en el tipo de morosidad. Luego del freno en la operatoria con tarjetas de crédito —que registró una caída real superior al 10% interanual—, la falta de pago se trasladó masivamente hacia los préstamos personales y prendarios, los cuales ya representan más del 73% del total de la mora familiar en el sistema. Según los registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad crediticia de los hogares alcanzó el 12,8%, situándose en el nivel más alto de los últimos 20 años y desplazando el conflicto financiero desde el diferimiento de compras cotidianas hacia el impago directo de compromisos de capital.
La gravedad de la situación reside en la calidad de la cartera vencida. Las entidades bancarias ya clasificaron como «irrecuperable» (con más de 180 días de atraso consecutivo) al 35% del monto total acumulado por deudas familiares. La bola de nieve generada por la refinanciación de saldos anteriores a tasas elevadas provocó que diversas administraciones provinciales, junto a la banca pública, comiencen a delinear líneas de asistencia extraordinaria para trabajadores que tienen comprometido más del 30% de sus ingresos en el pago de pasivos.
Ante este panorama, el Gobierno nacional y la autoridad monetaria analizan fijar topes a los costos financieros y regular las tasas punitorias. La negociación con los bancos no solo busca abaratar las comisiones de las ventas con tarjeta en comercios de cercanía, sino también limitar los cargos administrativos en cuentas sueldo para desacelerar la morosidad e intentar reactivar el flujo de financiamiento.





