El Estadio Monumental fue testigo de un desenlace infalible para las aspiraciones internacionales de River Plate. Tras el 0-0 cosechado en el encuentro de ida disputado en Bogotá, la vuelta finalizó con una paridad 1-1 en los 90 minutos reglamentarios. Sebastián Driussi puso en ventaja al elenco de Núñez a los 52 minutos de juego, pero la ilusión local se diluyó a los 80 cuando Franco Fagúndez convirtió un penal para Independiente Santa Fe, enviando la resolución de los octavos de final a los lanzamientos desde el punto del penal.

La definición por penales adquirió tintes épicos y dramáticos al requerir la ejecución de los 22 futbolistas presentes en cancha. El guardameta de River, Santiago Beltrán, lució monumental al detener tres remates (a Emanuel Olivera, Jhojan Torres y Jeison Angulo). No obstante, el Millonario desaprovechó sucesivas oportunidades de liquidar la serie debido a las desviaciones y fallos de Rafael Santos Borré, Lucas Martínez Quarta y Facundo González, sumados a las oportunas intervenciones del arquero visitante Weimar Asprilla.
El desenlace de la muerte súbita quedó marcado en el mano a mano directo entre los dos porteros. Beltrán elevó su disparo por encima del horizontal y, a renglón seguido, Asprilla no falló en su ejecución para decretar el 8-7 definitivo a favor del conjunto Cardenal. La dura derrota no solo certificó la despedida del torneo continental para River, sino que provocó un sismo institucional de inmediato al costarle el cargo al entrenador Eduardo Coudet.





