El mercado de la carne vacuna en Argentina atraviesa un inicio de año crítico. Según datos de Ciccra, el consumo interno retrocedió un 10% durante el primer trimestre de 2026 en comparación con el año anterior. Esta cifra posiciona el promedio anual por habitante en 47,3 kilos, lo que representa el nivel de consumo más bajo de los últimos 20 años, lejos de los más de 60 kilos que se promediaban históricamente.
La principal causa de este fenómeno se encuentra en el mostrador de las carnicerías. Durante el mes de marzo, los precios de los cortes vacunos aumentaron un 6,9%, superando ampliamente la inflación general del 3,4%. En términos interanuales, la carne ha subido un 55,1%, casi el doble del índice general de precios, lo que ha obligado a muchas familias a recortar su presencia en la dieta diaria o volcarse a opciones más económicas.
Por el lado de la oferta, la producción también muestra signos de debilidad con una caída del 5,1% en el primer trimestre. Factores climáticos adversos en años anteriores, como sequías seguidas de inundaciones, provocaron una pérdida en el stock de madres y una menor faena. Aunque el peso promedio de los animales ha mejorado ligeramente, no es suficiente para compensar la menor cantidad de cabezas enviadas al mercado interno.
En contraste con la crisis doméstica, el sector exportador vive un panorama opuesto. Las ventas al exterior crecieron un 11,4% en volumen y generaron ingresos significativamente mayores gracias a la recuperación de los precios internacionales. Con destinos como China y Estados Unidos demandando cada vez más producto, la presión sobre la oferta local se intensifica, dificultando la recuperación del consumo en las mesas argentinas.





