Las Fuerzas Armadas de Rusia lanzaron uno de los ataques combinados más destructivos en lo que va del año, utilizando un arsenal masivo de 73 misiles de precisión —incluyendo proyectiles hipersónicos— y más de 650 drones suicidas de manera simultánea. Las alarmas antiaéreas sonaron durante horas de la noche en gran parte del territorio ucraniano, mientras los sistemas de defensa aérea intentaban contener las trayectorias de los proyectiles. A pesar de lograr interceptar una parte importante de la ofensiva, el impacto del armamento pesado causó estragos en al menos 38 locaciones estratégicas e industriales del país, sumiendo a la población civil en una noche de pánico absoluto.
Los reportes oficiales de los equipos de rescate confirman una cifra preliminar de víctimas fatales en ascenso y más de un centenar de heridos distribuidos en los principales centros urbanos. En Kyiv, los fragmentos de los proyectiles derribados impactaron directamente contra rascacielos residenciales de más de 20 pisos, provocando incendios y dejando a personas atrapadas bajo los escombros de las plantas superiores. Por otra parte, la ciudad industrial de Dnipro sufrió consecuencias letales con el colapso parcial de un edificio de departamentos, donde un segundo impacto consecutivo sorprendió a las dotaciones de primeros auxilios y causó la muerte de un bombero en cumplimiento del deber.
El Ministerio de Defensa ruso justificó la ofensiva calificándola como una respuesta de largo alcance orientada a desmantelar la capacidad logística y de transporte utilizada por el ejército ucraniano. Sin embargo, las autoridades políticas en Kyiv denunciaron la intencionalidad del ataque masivo sobre áreas altamente pobladas y redoblaron el reclamo urgente a sus aliados internacionales para el envío de nuevos sistemas de defensa antimisiles. La magnitud de las explosiones y los graves daños en la infraestructura civil vuelven a encender las alertas globales ante una fase de máxima hostilidad en el desarrollo del conflicto.





