El equipo económico, encabezado por Luis Caputo, ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia de «ingeniería financiera» en Washington. El objetivo central es obtener avales de organismos multilaterales como el Banco Mundial, el BID y la CAF, lo que permitiría a la Argentina acceder a financiamiento de bancos privados. Este esquema busca garantizar el pago de más de USD 4.000 millones en capital e intereses de los bonos Globales y Bonares previstos para el 9 de julio, enviando una señal de solvencia definitiva a los inversores internacionales.
La reacción de los mercados ante estos movimientos no se hizo esperar. El riesgo país, que mide el termómetro de la confianza inversora, respondió con una tendencia a la baja, situándose en la zona de los 519 puntos básicos e incluso tocando mínimos de 515 puntos durante la jornada. Esta compresión del indicador de JP Morgan refleja una expectativa positiva sobre la capacidad del Gobierno para «blindar» sus compromisos financieros sin necesidad de recurrir a los mercados voluntarios de deuda, a los cuales la administración planea no regresar al menos hasta finales de este año.
Finalmente, estas negociaciones ocurren en un marco de reuniones clave con el Banco Mundial, donde ya se vislumbra un apoyo concreto de USD 2.000 millones en garantías, que se sumarían a fondos adicionales del FMI y otras entidades. Al evitar el uso directo de las reservas netas para pagar a los acreedores, el Gobierno no solo busca estabilizar la macroeconomía, sino también sostener el reciente repunte de los activos argentinos, que operan con mayor previsibilidad gracias a este nuevo paraguas de financiamiento internacional.





