El conflicto en el estrecho de Ormuz entró en una fase de incertidumbre extrema este sábado 18 de abril, cuando las fuerzas armadas iraníes reimpusieron una «estricta gestión» del tráfico marítimo. La decisión de Irán surge como represalia directa al bloqueo naval mantenido por el presidente Donald Trump sobre los puertos de la República Islámica, una medida que Teherán denunció como una violación formal al alto el fuego de diez días que se había pactado recientemente bajo la mediación de Pakistán.
El cierre pone fin a una breve ventana de apertura que apenas duró veinticuatro horas y que había dado un respiro momentáneo a los mercados internacionales.La escalada ya ha registrado incidentes directos: la Agencia de Seguridad Marítima del Reino Unido reportó que lanchas patrulleras de la Guardia Revolucionaria dispararon contra un petrolero que intentaba transitar por la zona sin autorización. Mientras tanto, el mandatario estadounidense ratificó que la presión militar sobre Irán se mantendrá firme hasta lograr un acuerdo nuclear definitivo, calificando las amenazas de cierre como un intento de «chantaje».
Por este estrecho circula habitualmente una quinta parte del petróleo crudo mundial, por lo que el bloqueo total amenaza con profundizar la crisis energética y disparar el precio del barril a niveles históricos.A pesar del clima de hostilidad, la vía diplomática aún no se ha cerrado por completo. Funcionarios paquistaníes sostienen que Washington y Teherán están en conversaciones para intentar restablecer la navegación antes del 22 de abril, aunque la desconfianza mutua y los ataques cruzados dificultan cualquier avance sólido.
El mundo observa con preocupación una región donde el umbral del conflicto directo parece cada vez más bajo, mientras la interrupción del flujo marítimo comienza a impactar en la logística global de bienes básicos, alimentos y combustibles.





