El funcionario, considerado una de las figuras más icónicas de la gestión libertaria, dio un paso al costado en medio de investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito y una fuerte presión de la oposición en el Congreso. «Gracias por su confianza Presidente. Ha sido un verdadero honor», expresó a través de sus redes sociales para despedirse del cargo.
El desenlace se precipitó debido a la acumulación de denuncias vinculadas al manejo de fondos de origen sospechoso, iniciadas a partir de revelaciones periodísticas surgidas en marzo. Entre los episodios más cuestionados que minaron su continuidad se encuentran la inclusión de su esposa en el avión presidencial durante un viaje oficial a Nueva York y la posterior filtración de un traslado familiar a Punta del Este realizado a bordo de una aeronave privada.
A pesar de que el presidente Javier Milei intentó sostenerlo activamente para mantener el control de la narrativa oficial, las constantes filtraciones judiciales y la pérdida de respaldo interno —particularmente de Karina Milei— volvieron insostenible su permanencia. Si bien sectores del PRO y de la UCR buscaron postergar los pedidos de interpelación en el Parlamento, el aislamiento dentro del propio Gabinete terminó por sellar la salida definitiva del funcionario.





