Cada 1º de agosto, los hogares y comercios del Chaco reviven una de las tradiciones culturales más arraigadas de la región: el consumo ritual de la caña con ruda en ayunas. La práctica consiste en beber tres tragos consecutivos —aunque algunos eligen siete o un sorbo largo— de caña cañera macerada con hojas de ruda macho. Con el objetivo de ahuyentar las malas vibras, prevenir enfermedades y atraer la buena suerte, la comunidad se alista desde los días previos preparando o adquiriendo las botellas estacionadas para cumplir de manera estricta con este hito del calendario popular.
Las raíces de esta manifestación cultural se remontan a los pueblos originarios guaraníes, quienes identificaban a agosto como un mes crítico en el año. Durante esta época invernal, las bajas temperaturas, las intensas lluvias y los cambios climáticos solían provocar un aumento marcado en las enfermedades respiratorias, además de afectar los cultivos y la supervivencia del ganado. Ante esta vulnerabilidad, las comunidades recurrieron a las propiedades medicinales de la ruda —planta utilizada para combatir parásitos y problemas digestivos— combinada con licores de caña para fortalecer la salud y espantar los males invernales que afectaban al cuerpo y a la comunidad.
Con el paso de los siglos, el ritual trascendió la medicina popular para convertirse en una fecha central del sincretismo cultural del Gran Chaco y de toda la región del Litoral. La jornada del 1.º de agosto marca también el inicio de las celebraciones en honor a la Pachamama o Madre Tierra, momento en que los pobladores expresan su gratitud por los frutos recibidos y piden prosperidad para la nueva etapa agrícola. Ya sea en la intimidad del hogar o compartiendo la botella en oficinas, talleres y puestos de calle, la provincia mantiene encendido este legado que une fe, salud e identidad colectiva.





