El nivel de actividad en los sectores productivos clave de la Argentina continúa mostrando señales de debilitamiento, afectando de manera directa el flujo económico general. De acuerdo con los últimos informes presentados por cámaras del sector, la industria metalúrgica registró un retroceso interanual del 4,4% en su nivel de producción. Esta contracción en el entramado industrial refleja no solo una menor demanda de insumos para la fabricación y la construcción, sino también una caída en el uso de la capacidad instalada, lo que impacta en la operatividad de las plantas y en las horas trabajadas dentro del sector formal.
A la par del parate industrial, los estudios sobre el presupuesto de los hogares evidencian una marcada tensión en la capacidad de pago de las familias para completar la canasta básica alimentaria y de servicios hacia el cierre de cada mes. El impacto acumulado de las tarifas y los costos fijos ha desplazado el gasto secundario, obligando a los consumidores a priorizar únicamente los bienes de primera necesidad. Esta pérdida de dinamismo en el ingreso disponible restringe el margen de maniobra de la clase media y de los sectores asalariados, afectando la cadena comercial en su conjunto.
Frente a este escenario, las expectativas para el consumo masivo de cara al tercer trimestre se mantienen bajo una estricta cautela por parte de economistas y consultoras del sector minorista. La combinación entre un sector industrial que reduce marchas y un bolsillo hogareño al límite plantea un desafío inmediato para la recuperación del mercado interno. Sin una mejora sustancial en los salarios reales y en la liquidez disponible de la población, el comercio minorista y las cadenas de distribución continuarán operando bajo un esquema de ventas moderadas y alta prudencia en el stockeo.





