La hazaña comenzó en el Estadio Olímpico de Atenas con la consagración de la selección de fútbol dirigida por Marcelo Bielsa. El equipo logró el primer título olímpico de su historia tras vencer a Paraguay por 1 a 0 en la final, gracias a un gol de Carlos Tevez, quien terminó como el máximo anotador del torneo con 8 tantos. La campaña fue impecable e histórica: Argentina se adjudicó la medalla de oro invicta, ganando los seis partidos disputados y sin recibir un solo gol en contra en todo el certamen.
Pocas horas después, el Pabellón Olímpico de Deportes fue testigo del hito máximo de la Generación Dorada del básquetbol nacional. Tras eliminar en semifinales al temible Dream Team de Estados Unidos, el seleccionado conducido por Rubén Magnano superó en la final a Italia por 84 a 69. Con actuaciones estelares de Emanuel Ginóbili, Luis Scola y Alejandro Montecchia, el equipo nacional selló una gesta que quebró la hegemonía norteamericana y colocó al básquet argentino en el pedestal más alto del deporte global.
Aquel sábado 28 de agosto no solo cortó una racha de 52 años sin medallas doradas para la delegación argentina —desde la victoria de los remeros Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero en Helsinki 1952—, sino que quedó grabado como el día de mayor impacto en el olimpismo del país. Dos títulos ecuménicos conseguidos en cuestión de horas confirmaron la vigencia de una camada de deportistas que transformó para siempre la competitividad y el prestigio internacional de la Argentina.





