En una tarde de altísima tensión en el Estadio Monumental, Boca Juniors dio el golpe frente a una multitud que colmó el recinto «millonario». El desarrollo del encuentro fue sumamente trabado, con más roces que juego fluido, donde el equipo de Claudio Úbeda apostó por un orden táctico riguroso para contener las intenciones de River Plate. La salida temprana de Sebastián Driussi por lesión condicionó el esquema de Eduardo Coudet, restándole peso ofensivo a un local que no logró capitalizar su posesión del balón.
El destino del Superclásico se selló en el tiempo de descuento de la primera mitad. Tras una mano de Lautaro Rivero dentro del área confirmada por el VAR, el árbitro Darío Herrera sancionó la pena máxima. Leandro Paredes, con la estampa de campeón del mundo, ejecutó el penal con una precisión quirúrgica, clavando la pelota en el ángulo de Santiago Beltrán. El festejo del «5» xeneize, emulando el icónico «Topo Gigio» frente a la tribuna local, se convirtió en la imagen del partido y desató la euforia del banco visitante.

En el segundo tiempo, Boca supo sufrir y aguantar los embates desesperados de un River que careció de ideas claras. El partido terminó con polémica por un supuesto penal de Lautaro Blanco sobre Martínez Quarta que no fue sancionado, sellando así el 1 a 0 definitivo. Con este resultado por la fecha 15 del Torneo Apertura, Boca no solo se queda con el orgullo del barrio de Núñez, sino que ratifica su dominio en el historial y queda a un paso de la clasificación a los playoffs.






