Es el plato estrella de las localidades ribereñas como Isla del Cerrito o Barranqueras. Se basa en el aprovechamiento de los tesoros del Río Paraná y Paraguay. La clave es la frescura del ejemplar y la cocción lenta que permite que los sabores se amalgamen sin que la carne del pescado pierda su firmeza característica.
La preparación consiste en disponer en una olla profunda (preferentemente de barro o hierro) capas sucesivas de cebolla, morrón, papas y rodajas gruesas de pescado. Se suele hidratar con vino blanco, puré de tomate y un toque de caldo de pescado para generar un jugo corto pero intenso que invite a «mojar el pan».
Para finalizar, se aromatiza con perejil fresco y, en algunas versiones locales, se le agrega un toque de crema de leche al final para darle suntuosidad. Es un plato que representa las reuniones familiares de domingo a la vera del río, donde el tiempo parece detenerse mientras se cocina el fuego.





