La economía argentina transita una etapa de menor movilidad de precios con variaciones mensuales en torno al 2%, un escenario que las autoridades buscan dinamizar mediante la habilitación de nuevas herramientas crediticias orientadas al consumo durable. En este marco, el Banco Nación lanzó una línea de préstamos de hasta 100 millones de pesos destinada a la adquisición de vehículos 0km y usados de hasta diez años, con alternativas de financiación que contemplan tasas fijas de hasta el 46% TNA para el público general y esquemas bajo la modalidad UVA con tasas desde UVA más 19%. No obstante, informes técnicos de consultoras como Eco Go advierten sobre riesgos de descalce patrimonial y una lenta amortización del capital en el primer año debido a la actualización inflacionaria sobre los saldos deudores.
En paralelo, el entramado productivo de las pequeñas y medianas empresas atraviesa un panorama contractivo marcado por el retroceso de la demanda interna y la persistencia de obligaciones tributarias. De acuerdo con mediciones sectoriales de CAME, las ventas minoristas pyme volvieron a registrar bajas interanuales, profundizando los problemas de liquidez y elevando los indicadores de morosidad corporativa en el sistema financiero. A esto se suma una retracción real en la recaudación de tributos clave asociados al nivel de actividad y transacciones comerciales, reflejando las dificultades operativas que sufren los establecimientos fabriles y comerciales para sostener sus estructuras frente a los costos fijos.
De este modo, el pulso macroeconómico diario continúa condicionado por la convivencia entre la estabilización de precios y la debilidad en el poder de compra. Mientras el sector financiero evalúa la sustentabilidad y el acceso a los nuevos instrumentos de crédito para reactivar bienes durables, las cadenas productivas y comerciales reclaman alivios fiscales estructurales que permitan recuperar la competitividad y mitigar el impacto recesivo en las economías regionales.





