La aerolínea low cost Flybondi atraviesa el momento más crítico desde su llegada al país tras encadenar doce días consecutivos sin operar vuelos. La situación de la compañía tocó un piso operativo extremo en lo que va del mes de agosto, registrando una tasa de cancelación superior al 80% de sus viajes programados y manteniendo un promedio de apenas tres aeronaves activas por día, muy lejos de las casi 20 unidades que tenía operativas a comienzos de año. Para profundizar la parálisis, en las últimas horas las principales agencias de turismo como Despegar y Almundo dejaron de vender sus pasajes por la falta de previsibilidad, sumado a una caída prolongada del sitio web oficial de la empresa.
En el frente financiero y judicial, el panorama para la firma es igualmente complejo tras la medida dictada por la Justicia porteña, que ordenó el embargo de las cuentas bancarias de la compañía a pedido de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) por una deuda tributaria superior a los $1.400 millones. A este reclamo fiscal se le adicionan pedidos de quiebra promovidos por proveedores de servicios impagos —entre ellos prestaciones hoteleras— y un fuerte conflicto laboral con ex empleados que exigen el cobro de indemnizaciones tras el despido de cientos de trabajadores desde el cambio de control accionario en 2025.
El deterioro sostenido del servicio impactó de lleno en la participación de mercado de la aerolínea, que pasó de transportar a más de un quinto de los pasajeros de cabotaje en 2024 a desplomarse drásticamente durante este año. Ante las masivas cancelaciones y demoras que superan en promedio las dos horas, el organismo regulador de aviación en Brasil suspendió sus operaciones internacionales en varios destinos, mientras en la Argentina los usuarios afectados aguardan respuestas oficiales sobre la reprogramación de sus pasajes o la devolución del dinero.





