En una jornada histórica para la Iglesia Católica, el Papa León XIV encabezó este domingo su primera misa de Resurrección en la Plaza de San Pedro, marcando el pulso de su pontificado con un discurso profundamente social y humanitario. Ante una multitud de fieles, el Pontífice evitó el tradicional repaso minucioso de conflictos geográficos para centrarse en un concepto alarmante: la «indiferencia» de la sociedad moderna. En el contexto de la extrema tensión bélica que sacude a Medio Oriente este abril de 2026, León XIV instó a la comunidad internacional a «elegir la paz» de manera urgente y efectiva.
Durante su bendición Urbi et Orbi, el Papa lanzó una severa advertencia sobre cómo la humanidad parece estarse resignando a la muerte de miles de personas, tratando las tragedias como cifras estadísticas. «La normalización de la violencia es el mayor fracaso de nuestra era», señaló, vinculando el dolor de las guerras no solo con las armas, sino también con la opresión de los más pobres y una «idolatría del lucro» que devasta los recursos naturales. Su mensaje buscó sacudir la conciencia colectiva, señalando que la falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno es la raíz de las injusticias globales actuales.
Como gesto concreto para pasar de la retórica a la acción espiritual, León XIV anunció la realización de una vigilia de oración por la paz para el próximo sábado 11 de abril. Con este movimiento, el Vaticano busca posicionarse nuevamente como un mediador moral en un mundo fragmentado por el egoísmo partidista. El mensaje de Pascua concluyó con un llamado a transformar el dolor de las víctimas en un «canto de esperanza», exigiendo a los líderes mundiales que prioricen la protección de los más vulnerables por sobre los intereses estratégicos en un planeta herido por la división.





