El Nuevo Banco del Chaco (NBCH) celebró en los últimos días los datos presentados por la Consultora 1816, correspondientes a mayo de 2026, los cuales ubican a la entidad en una posición privilegiada dentro del sistema financiero argentino. Con un incremento del 24,4% en el otorgamiento de préstamos al sector privado —frente a un modesto 11,8% del promedio nacional—, el banco provincial busca consolidar un relato de solidez y eficiencia. A esto se le suman otros indicadores: el puesto 16 en el ranking nacional por retorno sobre activos (2,20%, más del doble del 1,07% del sistema) y el puesto 19 por resultados generales, sustentado en un rendimiento anual sobre el patrimonio del 8,44% (contra el 4,72% de la media nacional) y tras haber cerrado un 2025 con un alza del 42,1% en su resultado neto.
Sin embargo, detrás de esta fría batería de estadísticas contables se esconde una realidad social completamente opuesta. Inmediatamente después de que las cuentas oficiales difundieran estas cifras triunfales, las redes sociales se convirtieron en un verdadero termómetro del malestar general. Un relevamiento de impacto realizado por nuestrochaco.com sobre las distintas plataformas donde circuló la noticia dio cuenta de una desaprobación prácticamente unánime. Lejos de celebrar los balances positivos del banco, la comunidad reaccionó con duras críticas orientadas a la falta de transparencia, los cobros imprevistos y el desamparo financiero que sienten miles de familias en la provincia.
Para profundizar en este fenómeno, nuestrochaco.com salió a las calles a recoger los testimonios de quienes alimentan mes a mes, de forma obligatoria, los números de la entidad. La condición monopólica del NBCH en la acreditación de sueldos de empleados públicos activos y pasivos fue el eje central del descontento. Juan, trabajador de la administración central, fue contundente: «No creo en el Banco del Chaco, no confío en la entidad. Maneja tasas abusivas y desproporcionadas, y como empleado público me veo obligado a tener mi cuenta en él». Su testimonio refleja la frustración de un sector que no tiene la posibilidad de elegir en qué banco operar o depositar sus haberes.
El descontento atraviesa a todas las áreas del Estado provincial y afecta directamente la economía cotidiana de los trabajadores. En el ámbito de la salud, Micaela expuso la falta de claridad a la hora de contratar servicios crediticios: «No manejan con seriedad la información cuando dan a conocer las tasas de sus líneas de créditos. Siempre, a la hora de los descuentos, nos encontramos con desagradables sorpresas en los recibos». Por su parte, Fernando, docente de grado, resumió el sentir colectivo de miles de chaqueños con una frase tajante: «Todos en la provincia vivimos rehenes de este banco».
Aunque las métricas en redes sociales no representan una verdad absoluta, sí marcan el ritmo del malestar urbano en una provincia cuya actividad económica depende casi en un 100% de la dinámica del NBCH. La paradoja resulta ineludible: la misma entidad financiera que celebra rendimientos patrimoniales que duplican la media del país cosecha, en simultáneo, un contundente rechazo de sus propios clientes. Mientras el banco exhibe con orgullo sus rankings y utilidades, las familias chaqueñas continúan padeciendo los costos de un sistema cautivo del que no pueden desembarazarse.





