En una operación de alta precisión, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron este lunes un contundente ataque contra el centro petroquímico de Asaluyé, vinculado al gigantesco yacimiento de gas South Pars. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, confirmó que la ofensiva logró neutralizar las plantas de Jam y Damavand, responsables de procesar aproximadamente el 50% de los productos petroquímicos del país. Este movimiento estratégico busca desmantelar la principal fuente de divisas que sostiene la maquinaria militar de Teherán.
El impacto financiero para la República Islámica es catastrófico. Al sumarse este ataque a las operaciones realizadas la semana pasada contra otras instalaciones clave, Israel ha logrado paralizar el 85% de la producción petroquímica iraní. Katz subrayó que el daño equivale a decenas de miles de millones de dólares, afectando directamente la caja de ahorro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el brazo armado encargado de financiar a grupos aliados y de ejecutar el programa de rearme nuclear y de misiles.
La escalada militar ocurre en un contexto de máxima tensión diplomática. El ataque se produjo pocas horas antes de que expirara el ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien exigió la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz bajo amenaza de atacar la infraestructura nacional eléctrica y de transporte. Con la mediación de países como Pakistán y Turquía pendiendo de un hilo, Israel ha dejado claro que no detendrá su ofensiva de «alta intensidad» hasta neutralizar los activos estratégicos del régimen.
Finalmente, la destrucción en South Pars no solo representa un revés económico, sino también un golpe a la moral del liderazgo iraní. Mientras las explosiones sacudían el sur del país, Israel también confirmó la eliminación de figuras clave de la inteligencia militar, enviando un mensaje de vulnerabilidad total. La industria energética, que históricamente fue el escudo de Irán, se ha transformado ahora en su mayor debilidad ante una ofensiva que busca forzar un colapso interno o una rendición incondicional en la mesa de negociaciones.





