El clima hostil entre Julián Álvarez y la afición del Atlético de Madrid alcanzó su punto más crítico en el Cívitas Metropolitano durante el encuentro frente al Villarreal por la segunda fecha de LaLiga. La tensión, provocada por el fallido intento de traspaso del delantero argentino al Barcelona durante el reciente mercado de pases, se tradujo en una estruendosa silbatina desde el primer minuto. El descontento de la parcialidad colchonera fue masivo: el atacante fue recibido con reprobación cuando los altavoces del estadio anunciaron su nombre en la nómina de suplentes, escena que se repitió al salir a realizar los ejercicios de calentamiento a los 52 minutos y que se profundizó con cánticos en su contra.
El cordobés inició el cotejo en el banco de relevos por decisión técnica de Diego Simeone y recién saltó al terreno de juego a los 66 minutos en reemplazo de Marc Pubill. Pese al contexto adverso y a la fuerte desaprobación de las tribunas, el exfutbolista de River Plate disputó algo más de 24 minutos en un trámite cuesta arriba, donde tocó escasas pelotas e intentó acoplarse al ataque en medio de la inferioridad numérica que sufrió el equipo por la expulsión de Robin Le Normand. En el plano institucional, su compatriota Juan Musso le brindó apoyo en el banco de suplentes, mientras que Simeone respaldó al futbolista en conferencia, argumentando además que por pedido directo del club el delantero se retiró directamente al vestuario tras el pitazo final para evitar un cruce mayor con los sectores más radicalizados.
En el aspecto strictly deportivo, el Atlético de Madrid rescató un agónico empate 2-2 en condición de local. Marc Pubill había puesto en ventaja al conjunto madrileño, pero el «Submarino Amarillo» dio vuelta la historia con dos goles de penal anotados por Gerard Moreno y Georges Mikautadze. Finalmente, Giuliano Simeone convirtió a los 85 minutos el tanto que selló la igualdad definitiva, dejando al equipo rojiblanco con un sabor agridulce en la tabla y dejando expuesta una profunda fractura entre el delantero campeón del mundo y la tribuna rojiblanca.





