El presidente de Estados Unidos notificó oficialmente al Congreso que las hostilidades con Irán han «terminado», fundamentando su postura en el cese al fuego que rige desde el pasado 7 de abril. En la misiva, dirigida al presidente de la Cámara de Representantes y al presidente pro tempore del Senado, el mandatario sostuvo que no se han registrado intercambios de fuego entre las fuerzas norteamericanas y el régimen iraní en las últimas semanas.
Esta declaración se produce exactamente al cumplirse el plazo de 60 días establecido por la Ley de Poderes de Guerra de 1973, que exige el aval del Legislativo para prolongar conflictos bélicos. Con esta maniobra, la Casa Blanca evita el vencimiento del reloj legal que obligaba al Ejecutivo a retirar las tropas o solicitar una declaración formal de guerra por parte de los legisladores. La administración argumenta que, al haberse detenido los combates activos durante el alto el fuego, el conteo legal de la Resolución de Poderes de Guerra se ha «pausado» o detenido definitivamente. Sin embargo, diversos analistas y legisladores de la oposición cuestionan esta interpretación, señalando que la presencia militar de más de 50.000 efectivos en la región y el mantenimiento de bloqueos navales contradicen la idea de una conclusión definitiva del conflicto.
Pese a dar por terminadas las hostilidades, el mensaje presidencial advirtió que la amenaza que representa Irán para los intereses de Estados Unidos y sus aliados «sigue siendo significativa». En consecuencia, el Departamento de Defensa continuará ajustando su postura de fuerza en Medio Oriente para proteger a sus unidades de posibles ataques de milicias pro-iraníes. Mientras tanto, el Congreso permanece dividido, con un sector republicano que respalda el liderazgo del mandatario y una oposición demócrata que denuncia una vulneración de las facultades legislativas en materia de guerra.





