La actividad industrial argentina registró una fuerte contracción del 8,7% en febrero de 2026, consolidando una tendencia negativa que afecta a casi todos los rubros del sector. Esta caída interanual se explica principalmente por el retroceso del poder adquisitivo y la consecuente baja en la demanda interna, factores que han limitado drásticamente el flujo de pedidos y el nivel de despacho de las fábricas.
En este escenario, las empresas se ven obligadas a readecuar sus estructuras para preservar la liquidez ante el incremento de tarifas y la escasez de financiamiento. Entre los sectores más castigados, el rubro de Alimentos y Bebidas sufrió un desplome del 12%, mientras que la industria automotriz y la metalmecánica también mostraron retrocesos significativos debido a la menor producción de autopartes y electrodomésticos.
Otros segmentos afectados incluyen al sector de químicos y plásticos, con una baja del 8,5%, y el textil, que alcanzó niveles de actividad mínimos históricos con casi ocho de cada diez máquinas paradas en algunas plantas. La construcción y la producción de minerales no metálicos también retrocedieron, golpeadas por la suspensión de proyectos de infraestructura. El informe destaca que la capacidad instalada de la industria se ubicó en apenas un 56,2%, lo que refleja un uso ineficiente de los recursos productivos del país.
Solo el rubro de madera y muebles logró mostrar un crecimiento marginal del 2,7%, destacándose como la única excepción en un mapa productivo mayoritariamente rojo. Los especialistas advierten que, de no mediar una recuperación del consumo masivo, será difícil que el sector industrial logre acoplarse al dinamismo que muestran actividades extractivas como la minería y el agro.





