Aunque el locro es nacional, el del Chaco destaca por el uso de zapallos tipo «plomo» que se deshacen hasta crear una crema espesa de color naranja intenso. Es el plato obligado de las fechas patrias y de los festivales populares en toda la provincia.
Lleva una base de maíz blanco y porotos, combinados con diversos cortes de cerdo (patitas, cuerito, tocino) y falda de ternera. La cocción es un ritual de varias horas donde los ingredientes se transforman en una unidad donde es difícil distinguir dónde termina el vegetal y empieza la carne.
Se sirve con una «quiquirimichi» (salsita picante) por encima, hecha a base de aceite, pimentón, ají molido y cebolla de verdeo. Es un plato que une a la comunidad, cocinado generalmente en ollas gigantes para compartir en plazas o clubes sociales.





